domingo, 30 de noviembre de 2014

CELDA 1213









Estoy completamente desnudo. He sentido su mirada y me ha traspasado como un millón de agujas ardientes, como el viento del desierto cuando está cargado de arena. Nunca hasta ahora había experimentado una sensación igual. La he mirado a los ojos, me ha sonreído y he visto todo lo que de verdad importa en la vida: ternura, amor... Cuando de pronto, llegó un tipo con un ridículo sombrero, y con un brusco tirón de su zarpita,  la agarró y se la llevó, lejos de mi existencia. Una existencia pacífica, comer, dormir, gritar de vez en cuando para que alguien se asuste, soñar. Mis días son todos iguales, alguna nube, el aroma de una flor, y el viento colándose por los barrotes, son mis únicos compañeros. El cuidador ya no viene por aquí. Desde que cogí desprevenidos a dos empleados, y los hice callar juntando sus cabecitas, sonó como cuando abría dos cocos desde lo alto de una palmera. Gritaban cuando me vieron, y luego dejaron de chillar. Cuando quieren alimentarme abren una trampilla en el techo y me tiran la comida, como si yo fuera un mal bicho. Limpian mi celda con una manguera de agua fría.