domingo, 30 de noviembre de 2014

CELDA 1213









Estoy completamente desnudo. He sentido su mirada y me ha traspasado como un millón de agujas ardientes, como el viento del desierto cuando está cargado de arena. Nunca hasta ahora había experimentado una sensación igual. La he mirado a los ojos, me ha sonreído y he visto todo lo que de verdad importa en la vida: ternura, amor... Cuando de pronto, llegó un tipo con un ridículo sombrero, y con un brusco tirón de su zarpita,  la agarró y se la llevó, lejos de mi existencia. Una existencia pacífica, comer, dormir, gritar de vez en cuando para que alguien se asuste, soñar. Mis días son todos iguales, alguna nube, el aroma de una flor, y el viento colándose por los barrotes, son mis únicos compañeros. El cuidador ya no viene por aquí. Desde que cogí desprevenidos a dos empleados, y los hice callar juntando sus cabecitas, sonó como cuando abría dos cocos desde lo alto de una palmera. Gritaban cuando me vieron, y luego dejaron de chillar. Cuando quieren alimentarme abren una trampilla en el techo y me tiran la comida, como si yo fuera un mal bicho. Limpian mi celda con una manguera de agua fría. En realidad, solo le tengo miedo a una cosa, la oscuridad. Cuando llega la noche, las sombras me acongojan y me acurruco, hecho un ovillo, en un rincón, y entonces vienen las pesadillas. Sueño que viene el hombre blanco y marca la clave: 1-2-1-3, abre la puerta de mi celda, y entonces con un látigo electrificado me golpea, y me golpea, a pesar de mis gritos de dolor... El dolor es bueno, me hace sentir que estoy vivo. Por eso, porque estoy vivo, he decidido escapar. Aprovechando la noche iluminada por la Luna,  escaparé de mi celda. Con una ramita que mi  amigo el viento me ha regalado, podré llegar a marcar los cuatro dígitos fatales que me separan de la libertad. Abriré la puerta, llegaré hasta la celda de los osos, está a continuación de la mía, probaré el código 1-2-1-4, que es el número de su celda, y si hay suerte probaré con las celdas de todos los pájaros, y las de los elefantes, y las de los monos aulladores, me imagino el estruendo que van a armar. La de los leones, y los tigres no, que nunca me hicieron ni maldita gracia.

Ya me imagino los  titulares de los periódicos: ZOO CERRADO, por una huelga salvaje, la ciudad está en peligro por unos energúmenos.
Ahora le echan la culpa a los cuidadores. Es lo que siempre he dicho:
Si quieren ver animales que vayan al Circo, o al Parlamento. El país que se ríe de los animales es un país sin conciencia.
El ejército ha tomado la ciudad, barrio por barrio, calle por calle, casa por casa. Han declarado el estado de sitio. Mi vida es una aventura entre contínuos sobresaltos. He cambiado mi celda por una vida en el submundo. Escondido en las cloacas con dos babuínos y una urraca, vivimos de la rapiña. Pronto se cansarán de perseguirnos y volverá todo a la rutina más absoluta. Y yo la buscaré, con la ayuda de mis sabuesos rastrearé sus huellas. Al acecho de todas las escuelas, buscaré a la niña de mis sueños, a la que una vez me miró y me conquistó con su sonrisa.