viernes, 3 de junio de 2016

EL VENDEDOR DE HAIKUS

Hace una eternidad, en un concurso milenario en una isla cercana a Herakleion, se presentaron, para conseguir el triunfo de mejor poeta, los más expertos aedos, de todo el orbe conocido.
Allí estaban, afilando conceptos, Homero junto a Hesíodo, o más bien discutiendo por las obras esculpidas de un tal Hefesto.
El primero declamaba versos dactílicos de una vieja historia de conquistas, de una fortaleza en medio de una tierra baldía.
El segundo usaba un metro yámbico describiendo un viejo escudo adornado con las hazañas de la gloriosa Hera, en las que el pobre Zeus no salía bien parado.
Safo no pudo llegar a tiempo por haber perdido su barco en el último momento mientras contemplaba a un fauno pintando en acuarela una puesta de sol, y envió como disculpa un telegrámmaton por servicio urgente.
El gran maestro Li Po acaparó los mayores elogios, su fórmula: "Vendo dos haikus al precio de uno" fue el modelo comercial a seguir desde el siglo menos ocho hasta la época actual por las nuevas generaciones de poetas.
Aunque hoy ya nadie recuerda el poema ganador, quizá era aquél famoso que decía:
“Desvanecido
El brillo de las hojas
Sueña el otoño”.
Este poema siempre iba acompañado de aquél otro en el que nos habla de la fugacidad del tiempo:
“Vuelan las olas
Con las alas del viento
Tan vaporosas”.