viernes, 1 de mayo de 2015

LA MALDICIÓN

Cien rayos resuenan y sacuden las negras nubes, incendiando de azufre el aire.
En la bóveda de la cueva, sobrevuela una pareja de murciélagos.
-¡Por las barbas de Zeus, y el velo de Isis venerada! -ruge la bruja Aleksia-, ¿No sabes cómo se prepara un mejunje?, ¡Zorra miserable!
La niña mira horrorizada a la nueva concubina de su padre, y ve esconderse en su madriguera un animalillo que escapa de la furia de los malvados ojos de la dama negra.
-Saparujo, ¿Adónde ha huido el bicho?, ¡Dímelo pequeña salvaje!
-No lo sé, señora.
-Quiero su corazón, bueno para secar las verrugas, y sus ancas y sus ojos, para mezclar con muérdago y eléboro -la bruja se saca de la manga una daga, aparece un pajarillo en la palma de la huesuda mano, y en un suspiro, ¡zas!, quiebra el cuello del animal-. ¿Qué ocurre? -repara en el surco que deja una lágrima en la mejilla de la pequeña-, superarás la repugnancia, con valor y con los años, ya aprenderás, ja ja ja -su risa hueca sacude la inmensa cueva-. Vamos, aviva ese fuego -escarba en los bolsillos de sus faldones y reanuda el conjuro-. Sesos de gorrión…, colmillo de jabalina preñada en noche de Luna llena…, raíz de mandrágora…, y para finalizar, ven hacia acá, boba, que no duele -la agarra con una de sus zarpas, marca una ligera incisión en la muñeca, y dos perlas de sangre caen en la mezcla de sopa-. Sangre de novicia, y un mechón de cabello dorado…
-¡No -alza su cara desafiando con la mirada a la vieja-, porque no eres mi madre, y yo soy la hija de un rey!
-Ven aquí, pequeña, en la próxima Luna Llena serás la nueva aprendiz de sibila, y cuando el novio, engalanado como un dios, pase por el umbral, lo acogerás en el lecho perfumado de angélicas y rosas…
Empuña un cucharón y del gran caldero escancia en una copa dorada el líquido hirviendo.
-… Con un sorbo podrás ver lo que va a ocurrir, con dos caerá rendido cualquier mancebo, y con…
-¡No, no lo quiero!
De un empujón derriba a la vieja. La vasija se rompe en mil pedazos, se llena el suelo de un grumo verdoso, y las paredes se impregnan de un ponzoñoso aroma.
Aleksia, dolorida en su orgullo, ardiendo de rabia asesina, con los cabellos reluciendo por el fuego, fulmina con su mirada a la niña:
-¡Desgraciada!, ¡Por despreciar al dios!, ¿Me oyes desvergonzada? ¡Jamás esposa serás de ningún hombre!
-Desde pequeña, las sierpes limpiaron de cera mis oídos, por eso yo diré siempre la verdad -dice Casandra, con un leve sollozo, al alejarse.
Desde el fondo de la caverna se oye una voz profunda:
-Sabrás lo que es la guerra, pero no podrás vencerla, conocerás lo que es el amor y el odio, y no podrás separarlos, sembrarás de verdades el mundo, pero de esa semilla solo crecerá la indiferencia.


En un lejano amanecer después de muchas Lunas, se incorpora la Aurora de rosáceos dedos, y una ligera llovizna cae sobre el cáliz de fuego de la adivinadora. Ella recuerda la ceremonia de su iniciación y habla con las figuras inanimadas de la Casa de la diosa Palas:
-¡Ay de mí!, dicen que el dios Apolo, el flechador, no quiso mi cuerpo, que escupió en mi boca y que enloquecí. ¿Qué sabrán ellos?
Una lechuza grazna, Casandra muerde una hoja de laurel y abre sus ojos, alza los brazos al cielo, y exclama por sus labios lo que la diosa le sugiere:
-¡Ilion, la de encumbradas murallas! Ya veo cómo se acercan más de mil naves huecas. ¿No queréis oírme?, mis hermanos y sus familias van a perecer en la Gran Guerra de los dioses, por el amor de una reina, la bella Helena, y por la furia de un guerrero, Aquiles, el de los pies ligeros. ¡Escuchad, que ya vienen!… ¿Locos, porqué os burláis?… ¿No hay nadie que quiera conocer los malos presagios, ni saber la verdad?… ¡Si calláis ahora que sea para siempre!…
El padre Sol se eleva sobre la roca sagrada y la adivina salmodia en voz baja:
-Los caballos de Poseidón galopan sobre las olas enrojecidas a la orilla del mar.

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