jueves, 29 de enero de 2015

CLUEDO


Susanita, la lorita de la mansión Pfaff ha muerto, asesinada.
Lo sabemos porque el silencio inundó de repente todo el ala occidental. El silencio se instaló como un inquilino mal avenido, y nada parecía poder desalojarlo. Ni siquiera los gritos de la Doña, mezclando sollozos e hipidos de menopáusica histérica.

El inspector Ceruso dejó el bigote falso sobre la repisa de la chimenea, y su monóculo en un platillo de su taza de té.
Reunió a todos los habitantes en la biblioteca y comenzó la encuesta.

El mayordomo, dijeron todos.
Estaba comprando en la tienda de barrio, se defendió, cuando ocurrió el suceso.
Pues la mucama, ha sido la mucama, señaló el estudiante mientras se estiraba un padrastro que tenía a medias.
Roja como la grana, estaba en la cocina preparando una tisana.
La vecina asomó una mano por la ventana y dijo, yo lo vi, ha sido el del carro de los helados.

En la mesa de la biblioteca prosigue la partida de julepe.
Recapitulando, las cartas boca arriba, escupió el juez sobre el sombrero, el loro está más muerto que una berenjena.

lunes, 29 de diciembre de 2014

EL TABLÓN DE LOS CONDENADOS

Hoy, en esta isla, ha ocurrido un milagro. Justo a las cuatro de la tarde, cuando el sol se encontraba sobre el horizonte, el agua del mar ha cambiado su vestido verdeazul por otro de mil colores. Estábamos paseando por el antiguo embarcadero. Locqui ladró, pero no como cuando descubre una gaviota y quiere jugar con ella sujetándola entre sus dientes.
Mi vista, de viejo marinero, hace aguas ya, "cataratas", dice la bruja que vive sola en la última cabaña.
Sin embargo, mi piel no me engaña, de repente todo estaba brillante, y hasta el mismo tiempo parecía querer detenerse.
- Es la aurora boreal -bromeé-.
- Gua -me respondió-.
El agua cambió otra vez su ropaje, y se volvió transparente. La brisa dejó de soplar. El sol se escondió de un golpe.
- Grrrr -gruñó Locqui a la noche recién estrellada-.
- No te enfades amigo -sacaba un mendrugo de la mochila-, ¿quieres un trozo?
Locqui mordisqueaba su pan aterronado y, mientras tanto, las olas negras como el carbón le querían morder la cola.
Encendí la pipa de boj, y el sol pareció brillar de nuevo en el hueco de mi mano. ¡Cómo quema el humo en mis pulmones!
- Cot, cot -escupí una hebra de tabaco-.
Me senté sobre un pilote de amarre, estaba húmedo por los embates del agua. Dejé la mochila a un lado y después de sacar la petaca de scotch y beber un trago largo, me pareció que el horizonte brillaba con dureza de plata.
- Mira Loc, la Luna, y Venus es aquel lucero que asoma.

domingo, 30 de noviembre de 2014

CELDA 1213

Estoy completamente desnudo. He sentido su mirada y me ha traspasado como un millón de agujas ardientes, como el viento del desierto cuando está cargado de arena. Nunca hasta ahora había experimentado una sensación igual. La he mirado a los ojos, me ha sonreído y he visto todo lo que de verdad importa en la vida: ternura, amor... Cuando de pronto, llegó un tipo con un ridículo sombrero, y con un brusco tirón de su zarpita,  la agarró y se la llevó, lejos de mi existencia. Una existencia pacífica, comer, dormir, gritar de vez en cuando para que alguien se asuste, soñar. Mis días son todos iguales, alguna nube, el aroma de una flor, y el viento colándose por los barrotes, son mis únicos compañeros. El cuidador ya no viene por aquí. Desde que cogí desprevenidos a dos empleados, y los hice callar juntando sus cabecitas, sonó como cuando abría dos cocos desde lo alto de una palmera. Gritaban cuando me vieron, y luego dejaron de chillar. Cuando quieren alimentarme abren una trampilla en el techo y me tiran la comida, como si yo fuera un mal bicho. Limpian mi celda con una manguera de agua fría.

lunes, 10 de marzo de 2014

LOS BUDAS DE LA GUERRA


Mi poesía invita a la acción

como el vino a la embriaguez,

no me acuerdo ya de la canción,

no bastan ya las palabras,
no cicatrizaron las heridas,
se nos acabó ya el miedo al dolor:
somos como los budas de la guerra.

No quiero cantar a los muertos, 
no quiero analizar causas,
los muertos, muertos están,
enterrados, o al aire libre,
¿qué más da que se los coman
los gusanos o los buitres?

El horizonte mudo

de tu asombro espera,
que las sombras avancen,
que el sol se retire,
para contar los muertos
que cayeron hoy.





jueves, 14 de noviembre de 2013

ACTO 1: EL PROBLEMA DE LA CREACIÓN



Dios descansa en su solio después de una obra bien hecha.

El coro de ángeles cantores aprovecha el descanso del Jefe
y no canta. Afinan cítaras y guitarras, y los más atrevidos
susurran en voz baja:

- ¿Quién nos protegerá si Él no despierta?
- ¿Su sueño será Eterno?

Al fin el más atrevido propuso:

- Aguardad, soy igual que vosotros, pura esencia,
doble espíritu, carne de hombre y de mujer a un tiempo,
pero me precio de conocer sus pensamientos;
entretenedlo si despierta con la luz de vuestras mejores canciones,
cegadlo con alabanzas a Su Obra Celestial.
- Fácil es decirlo, dijo uno.
- Y hacerlo, respondió.
- Y tú, mientras tanto, ¿qué harás?
- Acabaré su obra última y casi perfecta, ese hombre de arcilla
que carece de la voluntad de vivir y de conocer sus maravillas;
yo sé que eso es lo que Él desearía antes de caer rendido por el esfuerzo.

ACTO 2: IMPROVISACIÓN


 


Un hombre en segundo plano, agita los brazos abajo y arriba.
Delante de él un hombre arrastrando a otro hombre.

REDT          ¿Quién eres? ¿Por qué arrastras a ese?

QUIT          (Se detiene, se limpia el sudor)
                    Yo soy la imagen de un deseo,
                    este fue un proyecto que quiso volar
                    antes de echar raíces.
                    (Se alejan)

REDT         (Camina lentamente como si aprendiera, ríe,
                    se asusta, habla atropelladamente)
                    Yo soy un hombre..., el primer hombre...,
                    y ¿antes?..., el espectro me dijo..., sí,
                    ahora lo recuerdo..., subí a la montaña...,
                    yo era de madera, sin conocimiento del antes
                    y el después..., el espectro..., me gritó
                    como un susurro al oído..., todo esto es tuyo,
                    me dijo, y yo creí entender más bajito..., 
                    solo tú podrás disfrutarlo..., yo entonces
                    lo miré..., pero ya no sé si antes era de madera
                    o era que estaba dormido...,                  (Ríe)
                    me gusta la risa..., aunque...,                (Se asusta)
                    sé que estoy hecho de contrarios...,
                    eso me dijo en la montaña...,
                    ¿qué es el contrario?
                    tal vez el hombre arrastrado por la imagen del deseo...,
                    (Llora y se alegra)
                    pero ¿y si otro se ríe y no soy yo?...,
                    ¿otro?..., si yo soy el primer hombre...,
                    ¡el único!...,
                    ¿qué debo hacer con todo lo que ahora es mío?
                    (Ríe, se derrumba bajo el peso de su risa,
                    llora, se duerme)

ACTO 3: LA DIVINA BRONCA



- Me has fallado Actán.
- Solo quise retocar tu gran obra.
- Crear lo ya creado.
- Recrearme en tu obra maestra para darte gozo.
- Puesto que ese es tu deseo, viajarás durante varios ciclos.
- Eterno me parece tu castigo.
- No es el final, comprende que tu obra no fructifica
y has dañado la mía irreversiblemente.
- No lo puedes todo ¿acaso?
- No me tientes, el futuro no está en tus manos,
ni en tus labios propagarlo.
- Propagué la llama de tu sabiduría.
- Querías mi poderío, alcanzarás eterno poder sobre las sombras.
- Me condenas a ser el guardián de los seres de arcilla.
- Solo del barro, no de su alma que es un reflejo de la mía.
- Permite que me quede.
- ¡No es posible, diablo!
- Besaré las huellas de tus pasos.
- Semejante hice a la serpiente.