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sábado, 6 de junio de 2015

ATENTADO EN ISLA PURIFICACIÓN

El Teniente Peter Falk (46 años), principal responsable de la ceremonia, vigila atentamente para que todo se desarrolle con precisión de cirujano. Setenta agentes destacados, a pie de aeropuerto, repartidos cada quince metros en semicírculos cada vez más amplios. Otros cuarenta controlan una valla metálica donde se agolpan bajo la lluvia dos centenares de espectadores curiosos. Tienen prohibido el uso de paraguas, por lo que resisten estoicamente las inclemencias meteorológicas.
Peter presiona un receptor en su oído derecho y habla con Sam Peck (Sargento de narcóticos) que vigila desde la atalaya de la Torre de Control con unos prismáticos Olimpus:
–¿Sansón?, aquí Ringo, ¿Me recibes?
Por los altavoces se oye la voz metálica de una grabación: “¡Ding-dong! El vuelo procedente de Guanajuato tiene prevista su llegada a las 5:00 PM, ¡Ding-dong!”
–Alto y claro, Ringo. Cambio.
–¿A qué hora llegan los de la tele, Sam?
–¿No te lo han dicho? Cambio.
–¿Qué me tenían que decir?
–Que no vienen, pensaba que lo sabías. El director de programación dice que se le iban a mojar las cámaras y que retocarían imágenes de la última visita. Cambio.
–Qué última visita Sam, si el Papa nunca ha estado en Purificación.

domingo, 9 de octubre de 2011

EL PASTOR DE ALDEABONE

Dicen que canté en la barriga de mi madre. Nací en un pequeño pueblo de la campiña italiana, Aldeabone.
Mis padres me llevaron un día a la feria de ganado en la capital de la comarca, mientras yo saboreaba una nube de algodón de azúcar, una gitana me leyó el futuro en la palma de la mano, me dijo que llevaría sobre los hombros una gran responsabilidad, que mi número era el cinco, y mi color el blanco.
Yo hacía diabluras con el balón, intentando emular a mi ídolo Zinedine Zidane, que casualmente llevaba la camiseta blanca del Real Madrid, con el número cinco en su dorsal.
Lo de la responsabilidad me llegó más adelante cuando después de una larga carrera en el seminario, pasando por todas las etapas, sacerdote, obispo, cardenal, como un gusano en su viaje, capullo, crisálida y mariposa, me nombraron guía espiritual de media humanidad.
Aún hoy por los largos pasillos del Vaticano, hago algún amago de ruleta con los guardias suizos.
Ellos no pestañean, pero yo sonrío pensando qué bella es la vida.