Mostrando entradas con la etiqueta Microrrelato. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Microrrelato. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de marzo de 2015

INFERNO

Cuando tiré la tea encendida en el almacén abandonado, no podía imaginar la insensatez del esfuerzo de vivir.
Latas de pintura vieja, madera, plástico, todo se inflama con una rapidez asombrosa. Primero se crea una bolsa de aire ardiente, rarificado por las mezclas de cromo y minio; ojos y garganta se invaden de negras llamaradas azules.
Al final la puerta está tan lejana, que cuando los paneles bloquean la salida, piensas que todo está bien.
Mientras la dulce lluvia se desprende de una única nube grisácea, no deja de sorprenderme un pensamiento insidioso:
Dios es un perro y ladra.

jueves, 1 de noviembre de 2012

ULISES MANIATADO NO OYE A LAS SIRENAS

Curtidos marineros de Ítaca ejecutaron fielmente los designios de la asamblea. Ulises fue atado de pies y manos al palo mayor de la nave como corresponde a un rey.
- Ulises, divino por tus ardides, le dijo Perimedes, no te oiremos cuando grites nuestros nombres...
- Nuestros oídos estarán sellados con cera virgen..., aseguró Euríloco.
- ...y si mueves las cejas como para indicar que aflojemos tus ataduras..., insistió Perimedes.
- ...más fuerte apretaremos los nudos, completó Euríloco.
El barco lleva en su quilla un busto de Atenea; su nombre no trascendió la singladura de la historia y por tanto lo llamaremos Poté, el cual se desliza serenamente por las tranquilas aguas de Sicilia. "Nunca" jamás había navegado por aquellos parajes, y deseaba llegar cuanto antes al paraíso de las Sirenas.
Ulises siente crujir las tablas del bajel, las velas se hinchan, al percibir el armonioso canto de las sirenas; amarrado al duro mástil de su galera, borracho de mil batallas, delira sobre cubierta, se confunde con el lamento de las olas:
- ¡Así graznan, oh dioses, las gaviotas marineras!, ¿dónde están las sirenas?
El sol ciega sus ojos, y cree oir una voz antigua que le llama:
- Uli...Uli...Uli-seeeessss. ¡Te esperaba!, dice una sirena gris perla, ¡Te deseaba!, canta otra sirena con el cabello dorado y las escamas de oro, ¡Te amo tanto!, susurra la sirena azul cielo.
Ulises se endereza, grita:
- ¡Amigos!, ¡Hermanos!, suplica, ¡Dejadme reposar en esta isla!
Como no le oyen, las cuerdas la piel del pecho le desgarran y se desangra de tanto gritar.
Los marineros mueven su cabeza:
- Quién pudiera estar en tu lugar, apreciar la belleza y seguir vivo.
- Idiotas, les grita ronco Ulises, no es por las sirenas, este es mi lugar, aquí está mi destino.

domingo, 9 de octubre de 2011

EL PASTOR DE ALDEABONE

Dicen que canté en la barriga de mi madre. Nací en un pequeño pueblo de la campiña italiana, Aldeabone.
Mis padres me llevaron un día a la feria de ganado en la capital de la comarca, mientras yo saboreaba una nube de algodón de azúcar, una gitana me leyó el futuro en la palma de la mano, me dijo que llevaría sobre los hombros una gran responsabilidad, que mi número era el cinco, y mi color el blanco.
Yo hacía diabluras con el balón, intentando emular a mi ídolo Zinedine Zidane, que casualmente llevaba la camiseta blanca del Real Madrid, con el número cinco en su dorsal.
Lo de la responsabilidad me llegó más adelante cuando después de una larga carrera en el seminario, pasando por todas las etapas, sacerdote, obispo, cardenal, como un gusano en su viaje, capullo, crisálida y mariposa, me nombraron guía espiritual de media humanidad.
Aún hoy por los largos pasillos del Vaticano, hago algún amago de ruleta con los guardias suizos.
Ellos no pestañean, pero yo sonrío pensando qué bella es la vida.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Aquiles y la tortuga

En un lugar del Atica occidental, vivía, más dedicado a cultivar su cuerpo, Aquiles, rey de los mirmidones, de cuya memoria guarda Troya una flecha.
Aquiles, coloca sus pies en unos tacos de madera inclinados, ensayando una y otra vez la salida para la carrera corta, pues quiere ganarle unas décimas al viento.
Aquiles salta como si tuviera un resorte, corre cual gacela unos cuantos metros, volviendo lánguidamente al punto de partida.
Entre los espectadores, coreando cada gesto de su ídolo, en aquel buen día de primavera un jabalí, pariente lejano de otro muy famoso que hubo en Erimanto. El jabalí Joaquín, observando las salidas de Aquiles, y a una tortuga que cruzaba las calles de tartán, aprovechó la circunstancia para retar a su gran amigo Zenón, diciéndole:
-     Puedes decirme si Aquiles vencerá a la tortuga que el estadio olímpico atraviesa.
El sabio de Elea meditó su respuesta:
-     ¿Es la mente como la flecha?, ¿avanza o retrocede?, diez metros por uno, eso hace un metro por cero coma uno.
-     El de los pies ligeros nunca podrá pillarla -convino el jabalí-. Por cierto tu esposa Anaximandra prepara una excelente sopa de tortuga.
-     Con un buen vino del Ponto.